El lugar en el que un jugador está sentado en la mesa de Póker con respecto al croupié limita y condiciona las jugadas posibles, que pueden tornarse en positivas y favorables si uno toma en cuenta esta realidad.
En la modalidad Hold’em del Póker la mesa se divide en tres partes. Los primeros tres jugadores están en Primeras Posiciones, es decir, juegan antes que la mayoría de sus oponentes, por lo que deberían evitar jugar manos marginales, y limitarse a jugar manos de mayor calidad.
Los siguientes jugadores forman las Posiciones Intermedias, con la ventaja de conocer una parte de lo que están enfrentando y de que las posibilidades de ser envidados son menores. Por último, están las Últimas Posiciones, que vieron jugar a la mayoría de sus contrincantes, por lo que tienen más posibilidades a la hora de su jugar su mano inicial, porque ya conocen a todos sus oponentes.
El último jugador, es por supuesto, el que más ventaja tiene, porque ya vió todas las jugadas y si decide igualar una apuesta, sabe que nadie puede envidarlo.
Tomando en cuenta el lugar ocupado en la mesa de Póker, se pueden utilizar distintas estrategias para sacar el mayor provecho. En la Primeras Posiciones es importante limitarse a buscar las mejores manos iniciales. En las Posiciones Intermedias, también se puede limitar a buenas manos iniciales, pero deben ser las mejores. En Últimas Posiciones, la libertad del juego permite manos mucho más blandas.
En un juego de tantas estrategias como el Póker, perder de vista la influencia de la posición sería perder uno de los principales factores que influyen en cómo aprovechar cada mano del Póker.



